El vino
LA INTERPRETACIÓN DE UN ORIGEN
Todo gran vino es la consecuencia de un origen.
La elaboración no tiene como objetivo transformar aquello que la naturaleza ha creado, sino preservar su identidad hasta la botella. Ésa es la responsabilidad de la bodega.
Cada decisión — desde el momento de la vendimia hasta el ensamblaje final — responde a un único criterio: respetar la personalidad que el viñedo ha construido durante todo el ciclo vegetativo.
No buscamos crear un estilo.
Buscamos que cada añada exprese, con la mayor fidelidad posible, el lugar del que procede.
LAS VARIEDADES
Peñagolosa Milochocientoscatorce nace del equilibrio entre Syrah, Cabernet Sauvignon y Garnacha Tintorera, tres variedades que forman parte de la historia del propio viñedo.
Cada una aporta una cualidad diferente. La Syrah ofrece frescura, precisión aromática y tensión. La Cabernet Sauvignon proporciona estructura, profundidad y capacidad de evolución.
La Garnacha Tintorera aporta volumen, intensidad y una personalidad profundamente vinculada a la tradición vitícola del interior mediterráneo.
El objetivo del coupage no consiste en que una variedad destaque sobre las demás. Consiste en encontrar el equilibrio necesario para que todas contribuyan a expresar una única identidad.
La elaboración
La elaboración comienza mucho antes de entrar en la bodega. Empieza cuando el viñedo alcanza el equilibrio necesario para ser vendimiado. La recolección se realiza manualmente, seleccionando cada racimo en su momento óptimo de maduración y transportándolo en pequeñas cajas para preservar toda su integridad.
Cada variedad se vinifica por separado, respetando su personalidad y su ritmo de evolución. A partir de ese momento, el vino sigue dos caminos de crianza diferentes y complementarios.
Una parte del vino realiza una crianza de catorce meses en depósitos ovoides, cuya geometría favorece el movimiento natural de las lías y permite preservar con la máxima fidelidad la fruta, la frescura y el carácter propio de cada añada, sin aportar ninguna influencia externa.
La otra parte realiza su crianza durante el mismo periodo en barricas de roble francés, donde el tiempo aporta complejidad, profundidad y capacidad de guarda, siempre desde el respeto al carácter del vino. Finalizada la crianza, ambos vinos se ensamblan para alcanzar el equilibrio definitivo que caracteriza a cada añada.
Tras el embotellado, comienza una última etapa de crianza reductiva en botella, durante un periodo mínimo de doce meses, en la que el vino termina de integrarse y alcanza la expresión que buscamos antes de salir al mercado.